Es muy fácil encontrarla en cualquier rincón de Latinoamérica, la red de hilos entretenidos, que parece un arcoiris recostado entre las palmeras y sirve de cama, sofá, columpio hasta la cuna para los bebés: la hamaca. Abunda sobre todo en las costas y en el trópico donde el calor hace de ella el sitio ideal para descansar al aire libre.
Su origen es incierto, pero al parecer fueron los mayas mucho antes de la Conquista de América que empezaron a utilizar las hamacas. Para tejerlas utilizaban una fibra proveniente del tronco del árbol llamado hamak o de una planta agave de la que sustraían el hilo, henequén.
Cuando Cristóbal Colón desembarcó en las Antillas, conoció por primera vez a la hamaca, llamada por los indígenas ini, ya que observaba con mucha curiosidad cómo los nativos descansaban plácidamente en ellas. Al regresar a España, los colonizadores llevaron consigo algunas hamacas que resultaron muy prácticas para los marineros, ya que reducían el espacio destinado para las camas en los buques y mantenían a los tripulantes frescos a la hora del reposo. Las primeras descripciones de las hamacas se encuentran en los textos de escritores portugueses y españoles del siglo XVI, como: Pedro Vaz de Caminha, Gonzalo Fernández de Oviedo y Bartolomé de Las Casas.
La hamaca era y es muy importante para las sociedades latinoamericanas. El biógrafo de Simón Bolívar, Arturo Uslar Pietri, cuenta que el mismo Libertador la utilizaba como “su cama, su silla de trabajo […] se mecía y se levantaba sin cesar, dictaba cartas y disponía operaciones”. En su libro, Pietri subraya que para los europeos la hamaca era algo incomprensible, porque “les parecía que era la señal de su inferioridad y su barbarie”.
En este clima tan cálido, no hay nada más agradable que descansar en una cómoda hamaca que es el elemento de la tradición americana, símbolo de la creatividad, tranquilidad y armonía de este pueblo y de sus costumbres. Y acordémonos siempre que la mejor manera recomendada de acostarse, es hacerlo transversalmente (al revés), porque solamente así se garantiza la verdadera comodidad del sueño.
Tejiendo una hamaca
- Selección del diseño y del hilo: Dependiendo del diseño a elaborar se selecciona la cantidad y el color del hilo.
- Preparación del telar: Consiste en ubicar los travesaños del telar dependiendo de la medida del producto, ajustándolos con amarres y cuñas para lograr la estabilidad del telar.
- Echado o Urdimbre. Consiste en entrecruzar hilo por hilo, dependiendo el diseño del producto, si es liso o a rayas, hasta llegar al ancho deseado.
- Peine. Se realiza con dos varillas e hilo adicional el cual se cruza por medio de las capas que tiene el echado y se toma una de estas, cogiendo hilo por hilo y entrecruzándolo dentro de las varillas.
- Tejido o Trama: Para el proceso se utiliza un palito o lanzadera máximo de un metro, el cual llena de hilo para tejer la hamaca. Este se va cruzando entre la urdimbre realizando el paleteado.
- Paleteado. Se utiliza una paleta de madera la cual afirma el hilo de la trama, por cada hilo se realiza un paleteado.
- Cadenetas, una vez obtenido el largo deseado, se le hace el acabado con una cadeneta en los extremos superior e inferior del tejido.
- Una vez elaborado estos procesos, se saca el producto del telar, obteniendo una sola pieza, de donde se desprende unos hilos.
- Hicos. Se hacen en las hamacas. Son realizados con los hilos de los extremos y consisten cabullitas o trenzas de las cuales se desprende el encabezado de la hamaca.
- Encabezado. Es realizado con la piola en algodón, producto de mayor calibre, Se introduce la pita entre los hicos y se utiliza el espaldar de una silla para hacer el anillo, que es de donde se cuelga la hamaca.
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